Francisco
Javier Aparicio es profesor-investigador de la División de Estudios Políticos
del CIDE. Es Licenciado en Economía por la Universidad de las Américas-Puebla,
y cuenta con Maestría y Doctorado en Economía, con especialidad en Economía
Política, por George Mason University. Sus áreas de investigación principales
son: políticas públicas y competencia electoral, sistemas electorales, género y
elecciones, economía política de la migración y métodos cuantitativos.
En la
columna de Javier Aparicio muestra una imagen negativa ante la reforma
educativa al hacer una comparación determinada donde menciona que, así como en
sexenios anteriores, las reformas en materia de educación pasan por ser
solamente promesas al no hacer una determinada evaluación donde estas propuestas se les determine si hay que reforzarlas o simplemente echarlas a la
basura.
“Vista
desde una perspectiva de mediano plazo, algunos aspectos de la política
educativa no parecen cambiar demasiado. No es la primera vez que inicia un
nuevo sexenio con la promesa de una reforma educativa definitiva. De hecho, un
rasgo distintivo de los últimos sexenios, desde Zedillo hasta López Obrador, ha
sido el anunciar distintos tipos de reformas o programas de modernización
educativa.”
En
este párrafo, Javier Aparicio menciona el “cambio” como el determinante por el
cual no se presentan estas políticas educativas que podrían cambiar la
perspectiva de una nueva reforma educativa.
“A lo
largo de varias décadas, en lugar de pensar en una política educativa que
enfatice el bienestar y el desarrollo de los estudiantes —o en su defecto, que
se consideren las opiniones de padres y madres de familia—, ha privado la
influencia y capacidad de negociación política del magisterio y sus
organizaciones sindicales: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la
Educación y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.”
Aquí,
el columnista enfatiza el sinónimo de “bienestar” para hacer referencia a la
falta que le hace esta reforma educativa y que piensa que más allá de una
reforma educativa, deben priorizarse otros temas enfocados a la educación. Menciona también las "opiniones" tanto de padres como de los docentes como los determinantes para realizar el cambio por lo que el columnista identifica que esto a privado la negociación en cuanto a temas de educación
“En
materia de educación básica, media y superior, como en tantas otras áreas
sustantivas de la política social del nuevo gobierno, se extraña el peso de la
evidencia. Ojalá se escuchen más voces que los de quienes hoy bloquean el
trabajo legislativo.”
En esta última parte, el columnista hace una ambigüedad con "se extraña el peso de la evidencia" haciendo referencia a que es evidente lo que sucede con la educación en sus distintos niveles y lo que ha conllevado. También identifica a los que hace referencia como "quienes hoy bloquean el trabajo lesgislativo" como los sindicalistas que se muestran como el obstaculo que no permite que las opiniones lleguen a las masas de la educación para que puedan generar un cambio.
En conclusión, el columnista muestra una notable imagen negativa de la reforma educativa haciendo una comparación con la anterior reforma y mostrando las ineficiencias que se presentaron, así como las múltiples "promesas" que, en cada propuesta o iniciativa presentada por gobiernos que han y están en el mandato, tal es el caso de la educación" promueven una definitiva y exhaustiva que, al final del día, termina por ser nula, a lo que determina que será un plan fallido.

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